Cinco años después
Hoy se cumplen cinco años de los atentados del 11-S, aquella fecha en que todo y nada cambió.
El día llega cargado de recuerdos y evocaciones de la tragedia. Cinco años después, tenemos información suficiente para sacar nuestras propias conclusiones. La mía, es que los peligros siguen ahí, los conflictos armados se mantienen e incluso se recrudecen, el odio se multiplica, los atentados (del signo que sean) continúan, y las amenazas (reales y ejecutables en cualquier lugar del mundo) también. Y mientras, nuestras libertadas están siendo estranguladas por esa búsqueda, por parte de los gobiernos, de la seguridad al precio que sea. Una obsesión para unos excesiva, para otros justificada.
¿Solución?. No tengo ni idea, ojalá logremos impedir atentados similares o incluso más dañinos sin deteriorar los sistemas democráticos, ojalá que los integrismos se diluyan en la convivencia y la enseñanza mutua, ojalá también que el odio que nace de la injusticia no tenga campo en el que crecer, pero es todo mucho más complejo de lo que mi pensamiento alcanza. De lo que estoy seguro es de que algunos gobiernos eligieron el camino equivocado y no parecen dispuestos a dar la vuelta. Si saben que el fuego se apaga con agua... ¿por qué insisten en echarle gasolina?.
p.d: para acabar una recomendación: el artículo “Un país grotesco” escrito por Javier Marías (quién si no) y publicado en El País Semanal de ayer. Esclarecedor y concluyente como casi siempre.
