"Se você disser que eu desafino, amor / saiba que isso em mim provoca imensa dor"
Dicen que hay un momento para cada cosa y que la tristeza elige también el suyo, lo aguarda inquieta detrás de alguna esquina. Una esquina que espera unos pasos que ni siquiera saben que caminan hacia allí, porque el olvido también escoge sus lugares, porque hay un nuevo azar en cada despedida, una nostalgia que nace del pasado, una agonía que duerme en cada labio, una mañana llena de melancolía. Como tú, que olvidaste nuevamente tu palabra, o como esos días en que me levanto, miro por la ventana, busco algo diferente y no lo encuentro. Simplemente veo como está la mañana y me niego a recibirla. Son días en que levantarse parece un acto de fe, días sucios, mezquinos, muertos, días en que casi todo me sobra, días que vienen para llevarse algo, días grises, destemplados, que te hacen olvidar que también existen otros días, los días plenos, luminosos, los que no pasan sino que se viven y se sienten. Momentos en que nuestra mirada recibe y guarda las imágenes del mundo, sin preocuparse de encontrar en ellas armonía, ni significado.
Malditas sean las ganas de ordenarlo todo, de buscarle un sentido a cada hecho, de llamar a cada cosa por su nombre. ¿Por qué no enseñan en la escuela que a veces no existe un motivo, que cada delirio tiene sus propias formas, que no hay voz que pronuncie igual el mismo nombre, que la vida tiene letras diferentes para escribir cada esperanza, cada fecha, cada amor, cada duda, cada paisaje, cada arrepentimiento?.
Entender eso es empezar a caminar. Seguiré probando.
Escribe un comentario