Mi intención cuando empecé este diario, al que llamé "Cotidiano", era darle cierto orden y sentido a todas esas frases, letras, cuentos e historias, que antes escribía sobre papel y que normalmente acababan desperdigadas por los cajones de cualquier habitación. Eran pocas las personas que conocían la creación y el desarrollo de esta página, y el hecho de que tuvieran acceso a su contenido no me importaba demasiado. El objetivo no era anteponer mi propia visión de las cosas y abrirme a lo que sucediese, tampoco que mis palabras sirvieran para trasladar la realidad de la que somos parte, ni siquiera ser testigo o intérprete de mi entorno; no. El objetivo era que Internet fuese el soporte de algo tan personal como un diario, ese que todos alguna vez nos hemos propuesto llevar y no siempre lo hemos conseguido. En lo esencial eso no ha cambiado, me inquietan y me apasionan las mismas cosas, y me gusta escribir sobre ellas, incluso sobre las que me resultan ajenas, pero de un tiempo a esta parte ha aumentado el número de personas que entran a leer estas chorradas, y aunque sigan siendo pocas y cercanas, he de confesar que no me agrada especialmente que sean partícipes de todo esto. Lo que debería de ser un estímulo se convierte en inhibición.
Por eso últimamente no me siento cómodo haciendo público lo privado, y por eso también tengo la intención de dejar esta página y abrir otra, en la que me pueda encontrar navegando a solas con mis ideas y sentimientos, con mis opiniones y mis incertidumbres, con mis anécdotas y mis pifias mentales.
Llevan razón quienes afirman que el que escribe lo hace casi siempre para ser leído. También la llevan los que dicen que para mantener un “blog” no es imprescindible un especial talento literario. Pero sí son necesarias, al menos, las ganas de comunicar algo y de obtener un diálogo de ida y vuelta con ello. Yo mantengo intactas las ganas de escribir, pero más a modo de escape que como medio para generar una comunicación. Alguien dirá que esto es darle al blog más importancia de la que tiene, y tal vez sea cierto. Mi intención es simplemente que lo que nació para ser privado vuelva a serlo.
Escribir engancha, ser leído también, y para ambas cosas no es necesario ir a buscar más lejos que en la propia vida, en lo cotidiano. Cualquier cosa que haya ocurrido hoy puede ser lo suficientemente importante para tratar sobre ella y lo suficientemente intrascendente como para no hacerlo, todo depende del cristal con que se mire. Lo que es del todo imprescindible para mantener algo así, son las ganas de abrirse al mundo (… en mí escasean), la voluntad de mostrar a todos un diario personal en el que buscar algo de sentido, de sutileza, de esplendor o de decadencia, en el que descubrir esas cosas que están ahí y que la mayoría de las veces no sabemos o no queremos ver. Yo quiero seguir buscándolas y quiero seguir escribiendo sobre ellas, pero eso, todo eso, lo puede hacer uno sin necesidad de abrir las puertas tan de par en par.
Es todo por hoy. Punto y aparte, se inicia otro párrafo, el relato (como el blog) cambia de dirección. Salud y suerte para todos.
“Barcelona se quedará sin festejos taurinos a partir de 2008”.
Parece ser que la empresa propietaria de la plaza tiene contratada la temporada taurina de 2007 pero no piensa renovar el contrato, por tanto esa será la última en la que se celebren corridas de toros en Barcelona. La decisión, sin embargo, no guarda relación con la postura de los contrarios a la fiesta, que pretenden declarar Barcelona como “ciudad antitaurina", sino con las pérdidas que genera cada festejo, cerca de 24.000 euros por corrida
Sea por lo que sea, el caso es que Barcelona va a ser de nuevo precursora de algo, esta vez de terminar con una tradición, se mire por donde se mire, bastante bárbara (creo que ni los más taurinos podrán negar este hecho). También podemos verlo desde el otro punto de vista y pensar que los amigos catalanes siempre quieren ser diferentes e ir por delante del resto, ser los más europeos, los más ilustrados, los más modernos. Cierto es que a veces lo consiguen, pero a veces también desembocan en un aldeanismo borrego, encantado de haberse conocido.
Debo decir que en el tema de los toros tengo sentimientos encontrados. Por un lado me gusta la fiesta y disfruto con el buen toreo, pero por otro lado sufro viendo el maltrato del animal y no deja de parecerme una tradición salvaje y anacrónica que nos acerca a la pandereta, la mantilla y el capirote. Según van pasando los años (cosas de viejo) me quedo más con lo segundo que con lo primero, por eso hace años que no piso una plaza de toros ni veo corridas por televisión. No se puede considerar arte, cultura o espectáculo, el prolongar la agonía de un animal para divertimento de unos pocos. ¿El respeto a la tradición?. No me vale, lo siento. Han existido tradiciones salvajes y sanguinarias que por suerte se han ido terminando con el tiempo. No pasa nada si se acaba otra más. Tampoco simpatizo con los antitaurinos, a los que veo siempre con el mismo discurso aprendido, lleno en bastantes casos de demagogia e incomprensión, pero si tuviera que dar mi opinión más allá de los discursos formales, diría que aunque no me gusten las prohibiciones ni los imperativos, bienvenido sea el cierre de la plaza.
Hoy me he sentado a escribir con ganas de hablar de los recuerdos. Los recuerdos de mis abuelos que esta semana he querido recuperar viajando a su lugar de nacimiento: Asturias. Los recuerdos que he intentado construir y ordenar hablando con sus familiares y amigos (los pocos que aún quedan vivos), visitando los Registros, las hemerotecas, sus antiguas residencias. La intención era simplemente saber algo más de mis raíces y de sus historias, de los veranos de su infancia, de su adolescencia, la guerra civil, el exilio, el posterior regreso, etc etc. Pero esta tarde una noticia me ha cambiado los planes. Prometo retomar lo anterior en cuanto junte tiempo y ganas.
La noticia es que justo el día en que se conmemora la aprobación de la Declaración Universal de Derechos Humanos en el mundo, ha muerto uno de los mayores tiranos de la historia, Augusto Pinochet. Habrá quién piense que a partir de ahora ya tenemos dos cosas para celebrar éste día. Yo sólo quiero recordar, por si fallan las pilas de la memoria (últimamente es un mal muy extendido), que este señor ejerció una brutal dictadura en Chile entre 1973 y 1990, que durante dicho período los cuerpos de seguridad, de los que él era responsable máximo, hicieron desaparecer a unos 3.000 prisioneros políticos, que cientos de miles de opositores al régimen sufrieron torturas y penas de cárcel, y que cerca de 35.000 chilenos tuvieron que exiliarse a otros países.
Es una pena que el asesino no haya sido juzgado en vida por sus crímenes, es una pena que las victimas no hayan recibido un poco de justicia, ni hayan visto compensado, al menos en parte, tanto sufrimiento. Pero como alguien ha dicho ya: "esta vez la muerte le ganó a la justicia".
Si existe el infierno, que le vayan abriendo las puertas que está al llegar.
Hoy es el primer día que se siente en Madrid el frío de diciembre. En días como hoy me acuerdo de nuestra Presidenta, Esperanza Aguirre. Tal vez en estos momentos esté aterida de frío en su palacete, calentándose un triste caldito de pollo a la luz de las velas. Hasta en el Financial Times se han hecho eco de las penurias económicas de la dama de hierro, y es que la consternación está llegando a todo el planeta. Es lógico. Menos mal que los madrileños están demostrando su solidaridad, comienzan a gestarse multitud de campañas de ayuda para que nuestra Presidenta pueda superar con dignidad el crudo invierno. Entre esas campañas está la de mi amigo Luís, que propone calentarle la casa con cócteles molotov. Para que luego digan que Madrid es una ciudad hostil e insolidaria.
Más. Ya sabemos que es cosa peligrosa subir a los aviones con desodorante, colonia o jarabe para la tos. Pues bien, en varios aviones de British Airways se han encontrado restos de un isótopo radioactivo llamado Polonio, que puede acabar con un avión entero en menos que canta un gallo. Mucho se ha hablado del envenenamiento del ex oficial de la KGB con el (por desgracia) célebre Polonio... pero yo me pregunto, ¿cómo ha podido circular dicho producto libremente por los aviones de British Airways?, ¿qué pasa con las medidas de seguridad en los aeropuertos?, ¿sirven sólo para crear colas, humillarnos y hacernos pasar un mal rato?. Ver para creer.
Otra buena: se ha producido la mayor operación en la lucha contra el fraude fiscal en la historia de nuestro país. Hay más de 50 detenidos y se han producido 38 registros en nueve comunidades autónomas. Los números del fraude son escalofriantes. ¿Cuántos titulares ha merecido en periódicos o telediarios?. Pocos, muy pocos. Apenas se sabe de los nombres de los detenidos o las empresas que poseen. A mí me resulta difícil de entender. ¿Será que los medios de comunicación quieren proteger algo, o a alguien?.
Y la última por hoy: el video del PSOE. En mi opinión es completamente legítimo responder con la hemeroteca a toda la serie de calumnias que está lanzando continuamente la extrema derecha política y sus voceros sobre el diálogo con ETA. El video sólo demuestra que para la oposición el poder es lo único importante y no importa el modo de conseguirlo. Ni la unidad del estado, ni las víctimas, ni la paz. Sólo y únicamente recuperar el poder, ese que creen tener por imperativo divino. Por cierto, ¿cuánto tardará en llegar el video del PP sobre los GAL o Roldán?. Continuará.
Carmen Martínez-Bordiú, la nieta de quién ya sabemos, se embolsa la friolera de 48.000 euros semanales por mover el esqueleto junto a otros famosotes en un programa de TVE. Pensar que parte de ese dinero sale de mi sueldo hace que se me hinche la vena peligrosamente. ¿Es esta la nueva TVE que nos prometió el gobierno?... que vuelva José Luis Moreno, por favor!.
Otra perla: "no tener pagas extra me tiene mártir, las he tenido toda mi vida y las echo de menos, en Navidad y en verano. No es que haga números a fin de mes, ¡es que muchas veces no llego!".
No lo digo yo, ni ningún mileurista de nuevo cuño. Lo dice Esperanza Aguirre en una biografía que se publicará estos días, y que, de contener muchas afirmaciones como esta, va a traer cola.
Me imagino que os estaréis preguntando lo mismo que yo: ¿cuánto gana nuestra querida presidenta?. Exactamente 100.742,91 euros anuales. Es cierto, así no hay quién llegue a fin de mes, ahora entiendo lo de las recalificaciones de terrenos para la familia. Pero seguramente ni siquiera con eso sea suficiente. Ella siempre quiere más, en todos los sentidos, en todos los ámbitos. Propongo a TeleMadrid la realización de un Telemaratón navideño (presentado por Germán Yanke) para que la Presidenta pueda superar la cuesta de enero... o en su defecto, una recogida de firmas dirigida a TVE para que la inscriban en "Mira quién baila", a ver si se saca unos euritos extra bailando "Suspiros de España" con Romay.
La tercera perla del día es la primera promesa electoral de Miguel Sebastián, candidato a la alcaldía por el PSOE: "Pese a la deuda que tiene el Ayuntamiento de Madrid, bajaré los impuestos".
Importa poco, porque el hombre tiene menos opciones de ganar la alcaldía que yo de entrar en Operación Triunfo, pero en cualquier caso mal empezamos. Una rebaja de impuestos no haría sino limitar la capacidad del Ayuntamiento para atender las necesidades de los ciudadanos. Esperemos que, como la mayoría de las promesas, se quede en el tintero, porque si no ya me contará este gran economista de donde piensa sacar el dinero para cubrir el gasto necesario de una ciudad cada día más endeudada. Igual piensa ir también a "Mira quién baila". Cómo está el patio, ¡oiga!.
Supongo que de nuevo (algo debería de hacer el gobierno para impedirlo), el Valle de los Caídos volverá a ser el escenario de un acto de exaltación del franquismo y de una dictadura que cometió crímenes contra la humanidad y masacró las libertades durante cuarenta años. Un régimen condenado en 1946 por la ONU, que lo equiparó con los de Hitler y Mussolini.
Pero hoy no quiero hablar de Franco, ni de la guerra, ni siquiera de la dictadura. Hoy quiero hablar de la memoria y el olvido:
"¿Por qué tenemos que hablar de Franco?, ¿a quién le importa eso?. Hay una gran mayoría que no sabe quién es y la gente quiere oír hablar del futuro". Mariano Rajoy. Dirigente del PP.
No señor Rajoy, ustedes no quieren hablar del futuro, ustedes quieren que no se hable del pasado, que es distinto. Pero algún día tendremos que tratar a fondo ese pasado del que ustedes ahora reniegan, tendremos que tratar a fondo la procedencia de los primeros ministros democráticos y de los fundadores de su partido, tendremos que revisar las hemerotecas para que nos vuelvan a enseñar a Fraga sentado con el dictador en los consejos en los que firmaba las penas de muerte, tendremos que tratar a fondo la represión franquista una vez terminada la guerra civil, con sus víctimas todavía en las cunetas, tendremos que revisar el árbol genealógico de los que ocuparon u ocupan cargos de responsabilidad en su partido, en sus fundaciones, en sus empresas, tendremos que saber quienes son los que en su día fueron considerados como "la corte de El Pardo", cuáles fueron sus oscuros negocios o cómo se gestaron las grandes fortunas en España. Queremos que se recuerde eso y muchas otras cosas que la transición paso por alto por considerarse temas "preocupantes y desestabilizadores". Un precio demasiado alto.
Por eso señor Rajoy, no queremos olvidar, porque el franquismo tiene muchas deudas pendientes con la historia, con nuestra historia... y ya sabemos que el pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla.
Otra ausencia, otra pérdida irreparable, otro hueco en el alma y la memoria, otra sombra que oscurece la vida, otro desencuentro.
Pese a todo, la pérdida de alguien querido, por paradójico que parezca, transmite comprensión a la vez que empequeñece y ridiculiza nuestras causas cotidianas, nuestras guerras, nuestros rencores, nuestros problemas, esos que creemos importantes y por los que nos entregamos. Y no, no es así, todo es menos trascendente de lo que nos creemos, empezando por uno mismo, por estas líneas que escribo, por mis ocho horas de trabajo. Después vienen los comentarios de siempre: "hay que aceptarlo", "las cosas son así", "la vida tiene que seguir", y todo es cierto y falso a la vez. La muerte es inherente a la vida, es así aunque a mí me cueste aceptarlo... no digo ni siquiera entenderlo, porque una cosa es aceptar intelectualmente la mortalidad y otra es aceptarla realmente, en lo físico, en lo emocional. Hay que ser muy tonto o muy inteligente para llegar a ese estado, y yo no creo pertenecer a ninguno de los dos grupos. Por eso la mayoría tememos a la muerte, lo sé. Incluso los más creyentes, los que se apoyan en la religión para intentar esquivar el hecho de dejar de existir, de dejar de ser.
El vacío que dejan los recuerdos inexistentes, la fragilidad de un cuerpo, nuestra vulnerable normalidad, todo está aquí, todo está dentro.
Ante la cercanía de la muerte, ante la idea de la nada, todo se vuelve relativo. Puede sonar a tópico manido, pero así es como lo he sentido y por eso lo confieso. Igual que confieso esa sensación que a veces tengo de que somos incapaces de asumir los momentos duros, las situaciones límite. El culpable de todo eso tal vez sea el miedo, el miedo al fracaso, el miedo a que los demás vean que sufres, que lloras, que te va mal. Vivimos sin pensar en nuestra fugacidad, vivimos en una constante apariencia y somos incapaces de afrontar las derrotas de la vida: las tapamos, las escondemos, nos engañamos, cómo si fuésemos importantes, cómo si fuésemos irremplazables, cómo si fuésemos eternos.
El miedo, ese enorme peso, esa sombra, ese inoportuno compañero, agazapado, al acecho. El miedo a ser sólo un recuerdo de otros, un olvido gris. El miedo de no sé qué, el miedo de tantas cosas a la vez, de tantas cosas que ni siquiera existen, que no han pasado, tal vez de dejar de ser, tal vez de no vivir una existencia plena, tal vez de la vida misma.
Detener el reloj es imposible y cada momento que pasa ocupa un lugar único que hay que disfrutar al máximo; de acuerdo, pero creo que a veces vivimos con demasiada velocidad, envueltos en automatismos que nos impiden pensar en algo más que nuestro día a día, como si mañana no existiese y sólo nos quedara disimular la tragedia. Todo va deprisa, demasiado deprisa, y tal vez esa velocidad nos hace perdernos muchas cosas. Confundimos velocidad con aprovechamiento del tiempo, sin embargo, la rapidez trae el vértigo... y con el vértigo no se crece, el vértigo conduce al abismo. Tal vez (de nuevo tal vez) la lentitud y el sosiego nos traigan la serenidad, y esa serenidad sea el camino para esquivar el temor, para, al menos, no retroceder ante él, para seguir caminando aunque sintamos su peso.
Yo, como siempre, lo seguiré intentando... y uno de los modos de intentarlo son estas líneas, confusas, torpes, desubicadas, sinceras.
Parece que no ha cambiado mucho el panorama político en Cataluña tras los resultados de los comicios de ayer, pero se pueden destacar dos hechos bastante significativos: el primero, como ya sucediera en la consulta acerca del Estatuto, es la fuerte abstención registrada. ¿A alguien le sorprende?. A mi no. El tripartito y la oposición han conseguido que sobrasen los motivos para quedarse en casa. La gente parece estar harta de oír hablar del termino nación, de autogobierno, de independencia, de cupos, de si uno es mejor por haber nacido en Badalona o en Almendralejo. Un dato: en las elecciones generales del 2004 votó en Cataluña casi un 76% de la población, ayer no llegó al 57%. Esta menor participación en las autonómicas favorece claramente a los nacionalistas, más movilizados en este tipo de comicios, y debilita al PSC, ya que suelen ser sus votantes, más propensos a la decepción, los que se quedan en casa.
El segundo hecho importante es el castigo que los votantes han dado al PSC y que en mi opinión es completamente lógico. Montilla es un gestor capaz, pero no un buen candidato. El PSC es un engendro a medio camino entre el nacionalismo y la izquierda, dos cosas que muchos de sus votantes consideran incompatibles. El tripartito hizo tensar al PSC la cuerda entre las consignas identitarias y la realidad que marcaban en Madrid. Un partido que después de sacar adelante un estatuto profundamente catalanista, presenta como cabeza de lista a un miembro de la ejecutiva del PSOE y del gobierno de Madrid. Y la gente se ha cansado. Defínanse señores, ¿qué son ustedes?, ¿qué quieren?, ¿qué ofrecen?.
Me alegro de la subida en votos de ICV, ojalá ocurriera lo mismo con sus compañeros de IU en el resto de España, ojalá tuviéramos un partido fuerte a la izquierda del PSOE. No voy a negar que me gustaría que en Cataluña se constituyese un gobierno de izquierdas, pero no a cualquier precio. No me gustan los nacionalismos, y menos aún los nacionalismos exacerbados, como el de Esquerra, que ha dado ya suficientes muestras de desprecio al resto del estado español.
¿Qué pasará?. Pues no lo sé y sinceramente, como a muchos catalanes por lo visto ayer en las urnas, cada vez me importa menos.